El derecho a la alimentación no puede limitarse a no pasar hambre,  debe incluir todos los elementos nutritivos que una persona necesita, por desgracia más de 925 millones de personas no tiene  garantizado el derecho de acceso a la alimentación básica.

Existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico, social y económico a suficientes alimentos  nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias, a fin de llevar una vida activa y sana. Pero muchas personas no tiene garantiza esa seguridad alimentaria, sirva de ejemplo la realidad que están viviendo hoy en día los habitantes de la región del Sahel.

Esta situación de falta de alimentos en la región del Sahel se ha visto agravada por tres circunstancias: la sequia que azota  a la zona, la especulación de los precios de los alimentos básicos y los efectos del cambio climático que agudiza la situación en la zona. Si a esta realidad, unimos la crisis mundial que sufrimos,  la situación se vuelve  dramática. Por igualdad y dignidad de todos y todas, no podemos dejar a millones de personas desamparadas  sin  acceso a los alimentos necesarios para su desarrollo, quedando  desprotegidos y sin seguridad alimentaria.

Debemos dar un impulso a las políticas de cooperación que permita una alimentación para todos, entre todos, para hoy y para mañana.

Ante la situación de crisis mundial debemos volver a situar a la agricultura y la seguridad alimentaria en el centro del debate político internacional y nacional. España siempre ha respondido ante las crisis alimentarias, ahora es más que nunca necesario, debemos  unir al compromiso social y ciudadano  un compromiso político claro de apoyo a las políticas que mitiguen las consecuencias de la crisis alimentaria que padecen y sufren en la región del Sahel.

Nuestra política de cooperación ha sido  un ejemplo a seguir por muchos países y nuevamente a pesar de los graves recortes anunciados por el Ministro, no podemos hacer pagar la crisis a los que menos tienen, a aquellos que no tienen ni lo elemental, su derecho a tener un nivel de vida adecuado.

Ante el  hambre y la malnutrición que sufren más 925 millones de personas en el mundo, 13 millones de personas en la Región del Sahel, es necesario que todos actuemos. Debemos ir más allá de la tan necesitada respuesta de emergencia, debemos además, reforzar los mecanismos de alerta temprana y de reducción de riesgo de desastre.

La crisis no puede ser la excusa, nuestro compromiso ciudadano, social y político por la dignidad de las personas, debe plasmarse en una apuesta comprometida, clara y decida por la lucha contra la pobreza mundial.

Es nuestra obligación como ciudadanos y responsable políticos dar un impulso a las políticas de cooperación que permita una alimentación para todos, entre todos, para hoy y para mañana.

Hoy con el apoyo de todos los grupos políticos hemos aprobado una proposición no de ley en este sentido, ahora seguiremos luchando para que no quede en papel mojado o en una simple declaración de intenciones. Las ideas, las propuestas y los compromisos políticos requieren compromisos presupuestarios. El Sahel no puede esperar.

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