rajoy desacansandoVaya por delante que no soy muy aficionado a las encuestas, pero cuando uno tiene la suerte de contar a su lado con personas tan brillante como el profesor José Andrés Torres Mora termina aprendiendo alguna cosa importante, por eso no me he resistido esta vez a analizar el estudio del CIS sobre el Debate del Estado de la Nación 2015 que se publicó unos días después.

Los datos que arroja este estudio son demoledores, no sólo para el Gobierno, sino para la democracia, como ustedes entenderán esto último es lo que más me importa, porque del Gobierno del PP, ni yo ni nadie, espera ninguna buena acción que nos permita mejorar nuestra calidad de vida y bienestar.

Mi padre cuando me explicaba alguna cosa y yo no le hacía caso, que alguna vez pasó, siempre me decía que no hay más ciego que el que no quiere ver, que razón tenía. Rajoy el miércoles, desde el púlpito de la mayoría absoluta, nos quiso dibujar el mundo feliz de Aldus Huxley, pero claro, después  llego el CIS y le dio la palabra a los ciudadanos y la genta va y opina lo que piensa, fíjense que 6 de cada 10 ciudadanos no lo creyeron, pero eso a Rajoy no le importa, los que  creen estar en posesión de la verdad absoluta, están por encima de lo que piensan los propios ciudadanos, nada puede estropear el reestreno del  “España va bien”.

Rajoy ha vuelto a reeditar ese “hit parade” del España va bien, ahora en versión 2.0 como dirían los modernos de hoy. Una visión de España que sólo él tiene en su mente, la España de las élites empresariales que miden el progreso en datos macroeconómicos y donde la desigualdad es sólo un daño colateral que la beneficencia se encargará de paliar. Pero claro, los ciudadanos, que viven y sobreviven le recordaron a Rajoy la verdad: no conoce los problemas, no tiene sensibilidad y  no es realista.

La sociedad española está más politizada que nunca, creen en la política y en la democracia, se informan, opinan, deciden y reivindican una democracia de segunda generación. Según el CIS, 8 de cada 10 ciudadanos sabían que se celebraba el Debate del Estado de la Nación, por cierto los mismos que opinaron que no tenía ninguna utilidad, aunque lo  más grave es que 9 de cada 10, piensen que el debate sólo sirvió para lanzarse reproches unos contra otros, sinceramente no puedo compartir esta última afirmación, claro que después de oír a Rajoy decir “es usted patético” al líder de la oposición pues, la verdad, le quedan a uno pocos argumento para contrarrestar esa opinión de los ciudadanos.

Es cierto que muchas  veces prestamos más  atención a los exabruptos y trifulcas televisiva a lo “Salvame”, que a escuchar las propuestas razonadas y  razonables de los políticos que trabajan por nuestros intereses. En trece horas y diez minutos que duró el debate se oyeron todo tipo de intervenciones, muchas de ellas con propuestas brillantes y reales, pero eso no se refleja en los medios de comunicación, por desgracia eso no alimenta el espectáculo.

Lo vivido el pasado Debate del Estado de la Nación es una nueva oportunidad perdida para fortalecer y abrir las instituciones democráticas al sentir de la ciudadanía. No soy asambleario, defiendo nuestra democracia parlamentaria, pero creo que debemos ir más allá. La democracia tiene que estar por encima de la mayoría tan absoluta como temporal del PP. Los ciudadanos piden justamente que los problemas que les afectan y preocupan se reflejen en el principal debate de la nación, si nos fijamos en los datos del CIS eso por desgracia no ocurre hoy, siete de cada diez piensan que el debate fue irrelevante.

Defiendo ampliar la democracia, no recortarla como abogan la seudo-izquierda populista, propongo una democracia expansiva que fortalezca nuestra democracia representativa con la participación directa de los ciudadanos en el quehacer diario de la toma de decisiones. El Parlamento no pude ser, ni un circo, ni un teatro de sombras chinas, el Congreso debe abrir sus puertas no sólo cada 6 de Diciembre, sino todos y cada uno los días del año.

La política es el arte de la escucha, el debate y el consenso, ¿A que tiene miedo el PP de Rajoy? Posiblemente a las tres cosas. Nosotros no, como bien dice un buen amigo, los socialistas del PSOE no tenemos miedo ni a la política, ni a la democracia.

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