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“Reconocemos el papel que desempeñan los diversos integrantes del sector privado, desde las microempresas y las cooperativas hasta las multinacionales, y la función de las organizaciones de la sociedad civil y las organizaciones filantrópicas en la implementación de la nueva Agenda (…) Exhortamos a todas las empresas a que aprovechen su creatividad e innovación para resolver los problemas relacionados con el desarrollo sostenible. (…)”

(Declaración de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible).

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas, el pasado 27 de Septiembre de 2015, constituye una oportunidad única para sentar las bases de una transformación global que conduzca hacia modelos de desarrollo incluyentes y sostenibles, tanto a nivel nacional como internacional.

Los 17 objetivos y las 169 metas constituyen algo más que un compendio de medidas macropolíticas, es y supone un verdadero cambio de paradigma donde la sostenibilidad social, económica y medioambiental propugne un mundo posible. Solamente con la integración de estas tres dimensiones será posible hablar de desarrollo sostenible.

El sector privado debe preguntarse qué puede aportar a cada uno de los ODS. La empresa ha de definir en su estrategia de RSE sus compromisos con los Objetivos. No pueden quedarse al margen. Para ello debe conocer las 169 metas e identificar cuáles se ven influenciadas por su actividad, fijar unos objetivos y unos indicadores específicos con los que medir sus avances, e implementar mejoraras en la comunicación con la sociedad civil y el resto de sus stakeholders.

Se trata de analizar qué ODS están involucrados en la cadena de valor de la empresa y priorizar qué acciones concretas debe implementar para contribuir a su cumplimiento. Según datos del documento,  “Make it your business: Engaging with the Sustainable Development Goals”, elaborado por PwC, que valora el conocimiento y compromiso con los ODS de casi 1.000 directivos y de más de 2.000 ciudadanos, entre los 17 ODS, las empresas españolas consideran que los objetivos susceptibles de tener más impacto en su actividad serán, en primer lugar, fomentar el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo, y el trabajo decente, seguido de la construcción de infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible, y fomentar la innovación.

Las empresas son ciudadanía corporativa y como tal han de comprometerse a implementar en sus cadenas de valor la sostenibilidad en su triple vertiente: minimizando su impacto medioambiental, logrando una sostenibilidad económica y mejorando con su acción la sociedad, todo ello siempre bajo el cumplimiento de los Derechos Humanos.

Pero la implicación de la empresa no puede quedar sólo en la implementación de modelos sostenibles en su modelo empresarial. El sector privado puede y debe ir más allá en el cumplimiento de la Agenda 2030. Cada uno de los objetivos de desarrollo sostenible necesita soluciones innovadoras, entre otros, el sector agroalimentario, las energías renovables, el agua y saneamiento o la lucha contra el cambio climático, el desarrollo económico local inclusivo… Ahí la empresa debe jugar un papel destacado aportando soluciones al fortalecimiento de una economía local inclusiva en los países en desarrollo, considerando que, en los próximos años, los ODS concentrarán un gran número de inversiones públicas y privadas para encontrar estas soluciones.

No es posible combatir la pobreza y respetar los derechos humanos fundamentales sin una sólida base económica. Por lo tanto, el crecimiento económico sostenido, sostenible y equitativo es un requisito esencial para reducir la pobreza de manera duradera, aunque esto no será suficiente.

La cooperación internacional por sí sola no podrá erradicar la pobreza, pero sí desempeñar un papel relevante como catalizador de este desarrollo sostenible e inclusivo, especialmente si está basada, tal y como he expuesto anteriormente, en la apropiación local de los esfuerzos y si se adapta a los sistemas y prioridades nacionales, dado que debemos partir de la consideración que los países en vías de desarrollo son responsables de su propio progreso.

El cumplimiento de la Agenda 2030 requiere el concurso de muchos actores: los Gobiernos/Estados, la sociedad civil organizada y el sector privado. Esto conlleva partir de un modelo de intervenciones desde una perspectiva de cooperación integral del territorio, sumando a las empresas en un desarrollo sostenible, transparente e inclusivo.

Es necesario plantear modelos innovadores, en el que desde los diferentes niveles de gobierno en España, se asuma el liderazgo de llevar a la práctica la generación de Alianzas, tanto en el Sur, en el Norte, como entre el Norte y el Sur, que integren al sector privado, ONGD, organismos multilaterales, universidades y sociedad civil para juntos desarrollar un modelo sostenible y equitativo de actividad económica que pueda generar un alto valor social y/o medioambiental en la comunidades en desarrollo. Se trata de implementar intervenciones en un territorio, consensuadas y colaborativas, intercambiando conocimientos, buenas prácticas e innovaciones, así como generando cauces de cooperación económica, académica, técnica e institucional basados en el fomento del desarrollo humano sostenible y el respeto a los Derechos Humanos.

A partir de este planteamiento tanto las comunidades en desarrollo como los miembros de la Alianza, son beneficiarias directas de la intervención. Los territorios, porque cuentan con acompañamiento técnico en sus procesos productivos y asociativos. Para las ONGD, porque obtienen un consultoría especializada como interfaz entre las empresas y los territorios otorgando seguridad y garantías a los procesos de desarrollos económicos inclusivos. Las empresas que pueden identificar a quién incluir en su cadena de valor de acuerdo con el territorio, cómo y de quienes abastecerse de insumos incorporando los criterios de RSE, a la vez que logran realizar una inversión social canalizada en una plataforma de cooperación productiva, equitativa y sostenible. Las universidades desde la investigación y la formación en la consecución de los ODS, así como en la generación de investigación aplicada y la transferencia tanto de conocimientos como de innovación.

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