20160709_215659.jpgEs fácil hablar de los problemas de los demás sin ponerse en los zapatos de aquellos que día a día viven una realidad dura. Es fácil hacer un comentario jocoso o malintencionando de personas que viven a miles de kilómetros de nosotros, entre la miseria de los que por no tener no tienen ni voz, sin hacernos cargo de una realidad que por desgracia sólo han heredado.

En un mundo saturado de noticias, fotos, comentarios y demás “me gusta”, en redes sociales cargadas de virtualidad, faltan experiencias de cercanía, de realidad, de persona a persona. Nos hace falta más Namaste: “mi alma saluda a tu alma”. Necesitamos encontrarnos, sentirnos, conocernos, respetarnos y por qué no, amarnos como lo que somos: seres humanos

Leemos informes, redactamos proyectos, analizamos con miles de datos la realidad que por mucho que queramos entender de manera racional tiene nombres y apellidos, miedos y deseos, incertidumbres e ilusiones, realidad y más realidad.

Mientras escribo este artículo, en una casa de adobe que una familia de saharauis que tan sólo tienen su solidaridad nos ha cedido estos días, pienso en todas aquellas cosas que cuando llegue a mi trabajo tendré que pensar y programar para hacer de este mundo un lugar más justo. Pienso en qué hacer para que la realidad que dibujan los informes no me haga perder el verdadero sentido de mi trabajo: las personas.

La lucha del pueblo saharaui que ya lleva más de 40 años de lucha. Los refugiados Sirios que han tenido que abandonar su hogar. Los palestinos que no puedo volver a su tierra. Los niños soldados que son obligados a ser guerreros y perder su infancia y su futuro. Las niñas de India que su único futuro es ser casadas a los 14 años en el mejor de los casos. Los discapacitados en cualquier parte del mundo. Los pueblos indígenas que han tenido que renunciar a su forma de vida en pro al desarrollo de otros. Realidades que tienen algo en común: la vulneración de los derechos humanos, la condena de un presente, que no es su presente, y la negación de un futuro justo.

¿Otro mundo es posible? ¿Hay solución? Permítanme que sea rotundo: Si. No sólo es posible, sino que además es necesario que trabajemos por hacer real el mundo que queremos. Pero no seamos ilusos, los grandes problemas no tienen soluciones fáciles.

Durante estos días en la Wilaya Dajla participando en el XV Congreso del Frente Polisario he visto como personas de distintos países, idiomas, religiones e ideologías políticas cuando tienen un objetivo común de justicia las diferencias se aparcan y todas ellas trabajan desde sus ámbitos en aportar a la solución del problema. Pero obviamente esto no es suficiente. Aquellos que no quieren que la realidad cambien no van a permitir que los que luchamos por los derechos humanos y la justicia social logremos nuestro objetivo, sin duda alguna ese sería su fin, pero merece la pena seguir en la lucha y sobre todo conseguir el objetivo.

Un día, un joven saharaui, Jalil Mohamed, me dijo que 40 años son muchos para una persona, pero no es nada para un pueblo que lucha por su derecho de autodeterminación. Tomo sus palabras. Es nuestro momento para definir y conseguir un nuevo mundo económicamente justo, socialmente responsable y medioambientalmente sostenible bajo los principios de respeto a los derechos humanos que a todos nos ampara.

Esto sólo será posible si todos entendemos que el mundo es de los hombres y las mujeres libres, si trabajamos para sumar nuestra acción a la acción de otros y otras que desean igual que nosotros un mundo de justicia e igualdad, y cuando aquellos que creen en que para que unos ganen, la mayoría tiene que perder sean los que efectivamente, los que pierdan.

Miró mi móvil. Aparece en la pantalla el último tweet de @Lafallaras, anuncia su nuevo artículo sobre el Sahara “25 años tragando tierra”. Retuiteo, lo leo y sigo escribiendo. Efectivamente otro mundo no sólo es posible, sino imprescindible.

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