20160804_092200La vida es un transcurrir de acontecimientos positivos y negativos. Todos ellos marcan y definen nuestra forma de ser, nuestra manera de afrontar la vida. Pero no todo es tan sencillo, no todo lo positivo termina siendo bueno, ni todo lo negativo acaba siendo malo.

Vivimos permanentemente en transito. De la niñez a la madurez, de un trabajo a otro o de una ciudad a otra. No vivimos estáticamente, sino que permanente estamos en movimiento. Nos reinventamos para afrontar los nuevos retos que nos plantea la vida. No hay finales, sólo nuevos comienzos.

Transitar no es sólo caminar de un punto a otro, como hacemos de una terminal a otra para coger el próximo vuelo que nos lleva al siguiente punto del destino. Ni tan siquiera cuando cogemos un autobús, el tren, el metro, la bicicleta o nuestro coche, no es un acto físico, es mucho más que eso, es entender el mundo que nos rodea y tomar la decisión de afrontar la vida.

Cuando las mujeres afganas recorren decenas de kilómetros para recoger agua no sólo caminan, sino que el trayecto de ida y vuelta les permite socializarse sin la presencia fiscalizadora de sus maridos. Los niños y niñas de América Latina, África o India que tienen que andar varias horas para llevar a la escuela buscan transitar de la pobreza a un futuro de oportunidades. O los jóvenes de los países del Sur que tiene que ir a otras municipalidades para poder continuar con su formación que les permita disponer de recursos personales para transitar hacia el desarrollo.

Pero no todos los tránsitos comienzan con un paso físico, hay otros que nacen de la voluntad y la determinación de cambiar el destino de pobreza que han heredado por nacer en lugar sin oportunidades. Un recorrido plagado de problema y obstáculos que una vez vencidos permite ese transito necesario e imprescindible para ser y tener un derecho de vida.

El mundo actual es el fruto de la consecución y concatenación de varias revoluciones que han permitido a la humanidad avanzar: agrícola, industrial, tecnológica, de la información y ahora acabamos de inaugurar la era de la comunicación. Pero no todos han tenido la misma suerte. No todos han gozado de las ventajas positivas de las revoluciones, sino que los efectos positivos son para unos pocos y las desventajas son para los mismos.
Mientras unos transitan entre las redes sociales en una sociedad cada vez más vacía de valores, donde el ahora ya es pasado, otros transitan por medio de las montañas para recoger agua, estudiar o simplemente recoger leña con la que cocinar.

Miles de años después de la primera revolución agrícola hoy hablamos de políticas desarrollo sostenible que favorezcan sociedades económicamente justa, socialmente inclusivas y medioambientalmente sostenibles. Algo no ha funcionado cuando millones de personas no tienen cubiertas sus necesidades básicas, mientras otras desprecian comida en cada celebración. Unos transitan hacia atrás buscando el origen y otros solo les queda ir hacia delante para simplemente vivir.

Unos no sabemos hacia donde vamos y otros simplemente solo aspiran a transitar de su pobreza hacia un futuro de progreso aunque esto signifique seguir luchando contra todos los elementos que les impiden disfrutar de la libertad de ser personas. Un nuevo comienzo para seguir transitando.

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