El premio Nobel de Química, Paul Crutzen acuñó el término “antropoceno” para significar la influencia de la acción de los seres humanos sobre el planeta. Desde la Revolución Industrial nuestro planeta ha sufrido un deterioro muy significativo, que ha puesto en riesgo nuestra propia supervivencia. Es necesario que revirtamos esta circunstancia. Es el momento de construir el mundo que queremos actuando sobre cada una de las dimensiones que permite un desarrollo sostenible e inclusivo.

Podríamos ser catastrofistas y enumerar los efectos perversos que ha producido los modelos de crecimiento ligados al aumento de la riqueza: pobreza, desigualdad, cambio climático, injusticia, corrupción, guerras… un sin fin de cuestiones que han de motivar nuestra ambición de construir una sociedad justa e igualitaria. La realidad actual nos advierte, nos pone sobre aviso y nos muestra que el crecimiento actual no es sostenible en ninguno de sus dimensiones. Hoy ya no podemos aducir desconocimiento ante los efectos perversos de este crecimiento desigual y agresivo contra el planeta y las personas. Somos responsables de la construcción del futuro

Ya no podemos hablar sólo de países ricos y países pobres, la desigualdad intra-región se ha convertido, tras la crisis económica, en una lamentable realidad. En la segunda década del siglo XXI, existen muchos “nortes” en el hemisferio Sur y muchos “sures” en el hemisferio Norte, actualmente los pobres ya no viven sólo en países pobres . Por ello la Agenda 2030 esta configurada con un carácter universal que nos implica a todos y todas en la provisión de “Bienes Públicos Globales”.

El problema del hambre en el mundo ya no es un problema de falta de recursos, es ante todo un problema de desequilibrios mundiales. Somos la primera generación capaz de acabar con esta lacra. Pero ello sólo será posible si todas y todos nos encomendamos en la tarea y construimos los mecanismos necesarios para acabar con estas desigualdades sociales y económicas. Nuestro planeta dispone de los recursos necesarios para alimentar a toda la población, somos las personas quienes debemos garantizar que la prosperidad sea patrimonio de todos y todas.

La Agenda 2030 para el desarrollo sostenible es algo más que un compendio de 17 metas y 169 objetivos, es sobre todo una visión clara de como construir un desarrollo económico, social y medioambiental que permita a todos y todas poder disponer de las condiciones necesarias para su desarrollo. La agenda supone un esfuerzo compartido de construcción mundial.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) no pueden quedar como una mera declaración de intenciones firmadas por 193 países en New York, el 25 de Septiembre de 2015, es mucho más que eso. Ahora es el momento de transformar el mundo actual para convertirlo en el mundo que queremos. La tarea es un reto. Para ello es necesario la actuación e implicación de todas las personas e instituciones. Es imprescindible generar una trama de complicidades que se materialicen en alianzas para el desarrollo sostenible.

Los Ayuntamientos no sólo son la institución más cercana a la ciudadanía, sino que además, con su acción contribuyen de manera directa, tanto a la mejora de las condiciones de vida de sus ciudadanos y ciudadanas, como al fortalecimiento de una ciudadanía global comprometida con la justicia social. Desde esta visión universal tenemos todos elementos necesarios para construir espacios para la transformación.

Informar para visualizar, sensibilizar para exigir, comprometer para actuar. Esta debe ser la doble trilogía de la acción de construcción, desde lo local, de un desarrollo económico, social y medioambiental sostenible e inclusivo. Los ayuntamientos son impulsores y garantes de la construcción de una ciudadanía global comprometida con la paz y los derechos humanos.

No es una tarea fácil. No se trata de dictar normas, reglamentos, proyectos y demás instrumentos normativos, es fundamentalmente una labor continuada y permanente por interiorizar en el seno de las instituciones, las organizaciones sociales y la ciudadanía una voluntad clara por construir un mundo distinto. Sólo desde la educación seremos capaces de aprender a construir un nuevo marco de desarrollo sostenible. El “aprender a ser, a conocer, a hacer y a vivir” tal como determinó Jacques Delors en su utopía necesaria de “La educación encierra un tesoro” cobra un mayor sentido hoy.

La Agenda 2030 nos proporciona un visión integral de hacía donde debe ir el mundo. Las administraciones locales deben, a través de la territorialización de los ODS, generar alianzas con la sociedad civil para generar la transformación e interiorización de los valores que ha de guiar a la nueva ciudadanía global.

Estamos ante la mayor oportunidad política, social y económica de hacer de este planeta, un lugar de prosperidad para la personas, donde la paz se construya con la alianza de todos y todas. Es nuestra tarea, es nuestra obligación, es nuestra utopía realizable.

 

Publicado en Localizar los ODS. Gobiernos y actores locales y provinciales en la implementación de la Agenda 2030. Fondo Andaluz de Municipios para la Solidaridad Internacional (FAMSI)

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