¿Hemos de dejar toda la acción en favor de los ODS a los estados nación? ¿La Agenda 2030 es una guía de trabajo o significa algo más que un compendio de 169 metas? ¿Están las regiones preparadas para implementar la agenda?

La Agenda 2030 a diferencia de los Objetivos del Milenio nos emplaza a tener una visión universal que implica a múltiples actores y que ha de ser implementada en todos los niveles. Por ello, no sólo podemos entender que las acciones a emprender han de ser exclusivas de los estados naciones, ni tampoco esperar que el liderazgo sea únicamente de los Gobiernos Nacionales. Es el momento de que todos asumamos la parte que nos corresponda y pongamos en marcha nuestros recursos para la alineación de las políticas locales y regionales a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Hoy hay una doble línea de trabajo que se refuerza: los problemas Locales requieren soluciones Globales, al igual que, los problemas Globales necesitan de soluciones Locales. El mundo es multipolar y además está interconectado, ya no sólo vale implementar una política de abajo arriba, sino que el diálogo es multilateral y por ello nos obliga a repensar, como regiones, nuestro papel en el liderazgo de esta agenda de transformación y desarrollo.

La implementación de la agenda a nivel nacional no podrá ser posible sin la aportación de las regiones y las ciudades. No estamos ante una agenda de políticas globales, sino ante una agenda de transformación de la sociedad actual desde una visión de desarrollo integrado que fomente una economía ética para una sociedad inclusiva que respete el medio ambiente.

Sería un error pensar que la Agenda 2030 es tan sólo un documento más aprobado y consensuado por 193 países. No podemos entender que los Objetivos de Desarrollo Sostenible son un acuerdo de mínimos, un compendio de buenas prácticas sin obligación de cumplimiento, ni tan siquiera un documento que sustituye los antiguos Objetivos del Milenio. Es ante todo una agenda de transformación que pone el acento en la eliminación de las desigualdades. Frente a los retos del milenio centrados en acabar con la pobreza en los países menos avanzados, hoy nos enfrentamos a la necesidad de atajar las desigualdades entre países y dentro de los propios países y favorecer una mejor redistribución de los recursos. Somos la primera generación con los conocimientos y los recursos necesarios para acabar con el hambre en el mundo.

Por ello, debemos entender que la Agenda 2030 no es un decreto de buenas intenciones o un compendio de medidas a adoptar de manera inconexa. Es una agenda de transformación que pone el acento en las personas y en el cambio de la situación actual para generar prosperidad y paz en un planeta sostenible. Una actuación que sólo será posible si somos capaces de generar alianzas para un desarrollo inclusivo.

No se trata de dictar normas, aplicar políticas de gabinete o establecer un entramado normativo, es ante todo una labor continúa y permanente para interiorizar en el seno de las instituciones, empresas, organizaciones sociales y ciudadanía en general una voluntad inequívoca de construir juntos un nuevo futuro de justicia social.

Las regiones contamos con las capacidades necesarias para afrontar este reto. La política de desarrollo territorial ha de integrar en su forma de entender la planificación, implementación y evaluación, las tres dimensiones del desarrollo sostenible: económica, social y medioambiental. Hoy tenemos el conocimiento necesario para desarrollar esta transformación, disponemos de los recursos humanos y materiales, y estamos decididos a sumar nuestros esfuerzos en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Para ello nuestra acción ha de ir encaminada a territorialidad los ODS y generar alianzas para el desarrollo sostenible. En este sentido tenemos una doble función: liderar la transformación de la sociedad actual y además, implicar a la ciudadanía en el cumplimiento de este reto transformador.

Debemos informar para visualizar, sensibilizar para exigir y comprometer para actuar. Es el momento de fortalecer y empoderar a la sociedad desde lo local con una visión de ciudadanía global comprometida con el desarrollo sostenible.

El cumplimiento de la Agenda 2030 requiere de dos factores fundamentales: Avanzar en una educación inclusiva y de calidad en cualquier parte del mundo, así como, el fortalecimiento del desarrollo económico local como vector dinamizador de todas las políticas sociales, económicas y medioambientales.

Las regiones son la pieza fundamental de conexión entre lo local y lo global. Desde la coordinación e impulso de la agenda en las ciudades y municipios, hasta el alineamiento y coordinación con las políticas nacionales y multilaterales. La mayoría de los retos que se marcan en los Objetivos de Desarrollo Sostenible son competencias de las regiones, pero no sólo por ello, sino porque las regiones saben, quieren y pueden, con su acción, contribuir al desarrollo local, global y regional en todas las partes del mundo.

En conclusión, la Agenda 2030 es una tarea de todos y todas, es una agenda global e universal que nos compromete a todo a actuar con una visión de transformación de la sociedad actual a un futuro de integración de las tres dimensiones de la sostenibilidad: económico, social y medioambiental.

Las regiones no somos una correa de transmisión, somos y asumimos el liderazgo de la agenda de desarrollo sostenible como agentes transformadores. Asumimos el reto para lograr el futuro que queremos donde nadie quede atrás.

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