Despertar intangible

La crisis de la COVID-19 ha puesto de relieve las fragilidades del sistema económico mundial. Nos ha situado en un punto de inflexión que requiere repensar el papel que juega la economía en la construcción de sociedades abiertas, plurales e interconectadas. Una crisis que ha de servir como oportunidad para poner en valor el papel que juegan las personas en el desarrollo de una sociedad cultualmente avanzada.

Hablar del futuro es hablar de las personas, al igual que hablar del futuro del trabajo es hablar del futuro de los trabajadores. Hemos vivido, durante y a consecuencia de la pandemia, una eclosión de la digitalización de la sociedad y de la economía al mismo tiempo que veíamos como la automatización de determinados puestos laborales se iba incrementando.

A pesar del duro impacto que ha supuesto la pandemia a todos los sectores económicos, el sector cultural y creativo está llamado a ser uno de los motores en la generación y mantenimiento de puesto de trabajo no automatizables. El valor de lo intangible cobra ahora más importancia en un mundo que tiende a la desmaterialización.

Sin embargo, el sector cultural adolece de una volatilidad alta y una atomización muy importante, así como, de una invisibilización de la realidad que configuran los trabajadores y trabajadoras culturales. Esta situación hace que no se valore como es debido el trabajo de nuestros creadores y agentes culturales, además se puede seguir agravando con la falta de proyección de los nuevos empleos ligados a la creación cultural que nacerán de la digitalización, la internacionalización y los nuevos hábitos y usos culturales.

Cuando hace cinco meses me incorporé a la Fundación Ortega Marañón como director de innovación cultural, me daba cuenta que entraba en un sector que aporta más del 3% del Producto Interior Bruto, donde trabajan más de 780.000 personas y en el que el  72% de trabajadores y trabajadoras tienen estudios universitarios, es decir, un sector muy productivo, altamente cualificado y con una masa crítica muy potente.  

Dice COTEC en su último informe que el Producto Interior Bruto de España crecería un 3,5% (37. 412 millones de euros) si la contabilidad nacional incorporase la inversión en activos intangibles, y digo yo, ¿Cuándo nos daremos cuenta que nuestros creadores culturales y nuestro patrimonio histórico son la clave para apostar por una nueva economía de valor superior? Hagamos tangible lo intangible.

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