Más de lo mismo

El demasiado ruido que se está haciendo al respecto de la reforma constitucional, emborrona quizá lo más importante de estos días, y es que por vez primera se ha llegado a un pacto de calado entre los dos partidos mayoritarios, después de casi dos legislaturas en que la actitud del PP impedía cualquier atisbo de acuerdo.

No solo se está obviando este aspecto, sino que se está dando una prioridad informativa exagerada a la respuesta crítica (y vacía de contenido, que busco y no encuentro, no sé ustedes) de quienes, en definitiva, representan a muy pocos españoles, desde un punto de vista puramente democrático. No deja de ser irónico que quienes en nombre de la crisis, vienen exigiendo machaconamente una tregua entre PP y PSOE, se tiren de los pelos ahora, precisamente por lo que pedían.

Vayamos al asunto: si poco se ha dicho del hecho del acuerdo; menos aún se han analizado sus razones. ¿Qué ha sucedido para que se haya dado semejante hito? Tratemos de analizarlo, humildemente.

Nada me sorprende la postura del PSOE: fiel a sí mismo, mi partido ha vuelto a dar señas de compromiso y responsabilidad, anteponiendo los intereses de España a cualquier otra consideración, calculando pero asumiendo el desgaste que iba a suponer. La medida era imprescindible y urgente. Poco ha importado que estemos a semanas de unas elecciones, el PSOE ha vuelto a hacer política con mayúsculas, lo que, en crisis, significa sacrificio. Estamos acostumbrados.

¿Y el PP? ¿Qué le ha hecho traicionar su habitual falta de principios, su egoísmo, su siempre presente interés partidario, su perpetua e injustificada hostilidad al Gobierno de España?

La realidad, más simple de lo que parece, es que no ha habido giro alguno. Han continuado en su estrategia, pero han modificado la táctica. En los últimos tiempos han esperado y alentado la caída económica de España. Han soñado y trabajado sin descanso, sin apenas disimulo, para que nuestro país fuera rescatado. Y ello por la simple razón de que tal catástrofe les hubiera beneficiado electoralmente.

Pero las acertadas actuaciones del gobierno Zapatero y las respuestas y refrendos de gobiernos y mercados internacionales venían frustrando el anhelo de Rajoy: ni había rescate ni se le esperaba. Andaban meditando sobre las pocas opciones por ese lado cuando reciben una llamada del presidente que les pone en las manos la posibilidad de parecer estadistas, precisamente el lado más oscuro de la imagen del PP para los españoles.

Y eso es todo. Lo que para el PSOE ha sido responsabilidad, para el PP ha sido oportunismo: más de lo mismo.

Esfuerzo, tenacidad y trabajo

El pueblo valenciano necesita un proyecto integrador  desde Vinaroz hasta Orihuela. Recuperar las instituciones desde la participación cívica y la cooperación territorial con un gobierno que actúe con responsabilidad  y con la eficacia que otorga el trabajo bien realizado. Es necesario recuperar en nuestra Comunidad los principios de democracia, austeridad y celeridad en los asuntos públicos tal y como demanda la ciudadanía. Y necesitamos, urgentemente, que nuestra comunidad y nuestra provincia, retome el peso específico que en el conjunto del estado español ha perdido tras estos años de gobierno del Partido Popular.

Los valencianos y valencianas nos merecemos un futuro mejor y es el momento de preparar las bases que nos permitan construirlo, con una acción conjunta de todos y de todas para conseguir una economía emprendedora. Crear empleo y riqueza, aprovechar las potencialidades de nuestro territorio respetando los principios de la sostenibilidad y, sobre todo, de la igualdad de oportunidades. Necesitamos una administración de futuro que lidere una sociedad con responsabilidad, donde la solidaridad, la justicia social y el bienestar sea el mayor beneficio de todos y de todas.

Las personas que vivimos en esta tierra, y en concreto en la provincia de Alicante, hemos sentido del gobierno valenciano un escandaloso vacío. Sus consecuencias han sido nefastas para nuestra economía, para la educación de nuestros niños, niñas y jóvenes. No hemos obtenido del Consell el más mínimo apoyo para que nuestra provincia mejore sus infraestructuras, posibilitando la vertebración de nuestro territorio y ampliando las posibilidades económicas y  creación de empleo. Hemos sido siempre mirados de reojo por un Consell que poco o nada ha confiado en nuestras posibilidades.

En una posición bien distinta, y claramente positiva, hemos tenido al Gobierno de España, al gobierno del PSOE. Nuestra provincia ha vivido desde el año 2004 una de las etapas de mayor potencial en inversiones de su historia y que van a permitir que nuestra provincia, con sus pueblos y ciudades, tengan más herramientas y oportunidades para afrontar con más fortaleza el futuro.

Actuaciones tan importantes como la nueva terminal del aeropuerto de El Altet inaugurada este año con una inversión superior a los 628 millones de euros o la inminente llegada del AVE prevista para 2012 (cuando hace ocho años existía menos de un kilómetro de vía de Alta Velocidad entre Alicante y Madrid) son ejemplos que evidencian dos realidades claras y contundentes: una, que el gobierno socialista se ha volcado con nuestra provincia, y dos, que de no ser por ese impulso del gobierno socialista nuestra tierra tendría menos capacidad de acción frente a los nuevos retos del futuro.

Y esta realidad, irrefutable, nos debe movilizar para conseguir que este impulso recibido del gobierno de España no se paralice con un gobierno del PP, que ha demostrado, tanto con los gobiernos de Aznar en España, como en los diferentes gobiernos autonómicos, que la provincia de Alicante no es una prioridad.

Y esto debe tener su reflejo el 20 de noviembre. Este es mi compromiso, y el de todos y todas las personas que creemos en una forma diferente de gestionar lo público.

Conseguir que no retrocedamos puede ser posible con esfuerzo, tenacidad y trabajo. Ese es el compromiso político que tenemos los y las socialistas desarrollando un proyecto político basado en la personas, con nuevos modelos de gestión y políticas públicas eficaces.  Ahora es el momento de actuar para recuperar el liderazgo social que reclaman nuestros ciudadanos y ciudadanas, desde la transparencia, mirando a la gente a los ojos.