Desde la primera intervención del Ministro Wert en la Comisión de Educación, Cultura y Deporte hasta hoy, no hay un solo día que no tengamos un gran titular, eso si, todos levantado la voz de alarma por las propuestas contra-reformista y de retroceso planteadas por el Ministro, sinceramente, de las palabras de su primera comparecencia que afirmó que no iba a ver un cambio de Ley, a la realidad de su acción día tras día, media un abismo.

La reforma de la Educación Secundaria Obligatoria y del Bachillerato supone en este momento, un zarandeo legislativo que hace tambalear los cimientos de la estructura de nuestro sistema educativo, mal vamos. Lo que menos necesitan la educación son vaivenes y atentados contra la estabilidad del sistema, ni derogaciones o congelaciones de los normas ya aprobadas y consensuadas por los distintos agentes sociales y educativos. Este no es el camino.

Los objetivos que marco el Ministro en su intervención fueron: primero, reducir el abandono escolar temprano, segundo, conseguir más excelencia para el bachillerato y tercero, avanzar en la equidad e igualdad de oportunidades. Con la reforma planteada por el Partido Popular, no se cumple ninguno de los objetivos.

Con esta contra reforma, no se reduce el abandono escolar, lo único que se reduce es la formación inicial en su etapa obligatoria sustituyendo un curso formativo, el 4º de la ESO, por el 1º de Bachillerato que tendría un carácter propedéutico para aquellos que si van a seguir sus estudios y que resta formación básica a aquellos que concluirán su educación. Además, difícilmente podemos conseguir una mayor excelencia si el curso que ampliamos por un lado, se lo restamos a la formación básica de todos, la excelencia no se logra con recortes, y menos a los que nos tiene acostumbrados el Partido Popular. Y por último, la equidad y la igualdad de oportunidades queda más mermada, ya esta siendo reducida con las últimas mediadas adoptadas por el Ministerio que dirige el Señor Wert: menos becas, menos recursos económicos y menos profesorado son la receta perfecta para romper con la equidad de nuestro sistema educativo y cercenar el derecho de igualdad de oportunidades para todos y todas. Esta no es una Reforma justa.

Esta reforma además es inviable e inoperativa, cargada de problemas y dificultades que merman la educación y restan igualdad de oportunidades, además de ser pedagógicamente nefasta para los alumnos y alumnas. El propio Ministro Wert ha tenido que ir reculando día a día, más que ser una reforma pensada, es una contra reforma al mejor estilo del Partido Popular.

Esta reforma supone un gasto innecesario en su aplicación: modificación de centros educativos, la pérdida de profesorado, así como el cambio de todos los temarios y por la tanto de los libros de texto, más recortes a la educación pública. En los momentos actuales de crisis no creo que lo conveniente sea zarandear todo el sistema y desviar los recursos económicos tan necesarios para mejorar de verdad nuestra educación, ¿o está en la voluntad del Gobierno beneficiar a la iniciativa privada, atentando nuevamente contra la educación pública?

No se puede congelar o derogar las medidas adoptadas para mejorar el sistema sin que se pongan en funcionamiento, no podemos copiar medidas de otros países sin tener en cuenta la realidad social cultural y política de nuestro país.

Si es necesario mejorar la educación post obligatoria, busquemos las soluciones que sumen, no las que restan contenidos y calidad al sistema y por lo tanto, a los alumnos y a las alumnas.

Si es necesario reducir la tasa de abandono escolar temprano, potenciemos los itinerarios formativos que establecía el Real Decreto 1146/2011 y además dotémoslo de las medidas necesarias para garantizar la equidad y la igualdad de oportunidades con los Programas de Calificación Profesional Inicial.

Y si es necesario mejorar la Formación Profesional, profundicemos y apliquemos las medidas del Decreto de Formación Profesional, donde se establecían los mecanismos necesarios para mejora la calidad de la formación y la empleabilidad de los y las jóvenes, adaptándola a las necesidades del tejido empresarial.

La educación, lo que menos necesita son los zarandeos a sus cimientos y esta reforma es un atentado contra la equidad, calidad e igualdad de los derechos.

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